jueves, 27 de noviembre de 2008

Celebramos con una gran sonrisa.



Este aviso se publicó en 1999 para anunciar la apertura del restaurante de comida típica guatemalteca Arrin Cuan, fue un aviso sencillo pero provocó una gran cantidad de sonrisas, por eso nunca fue olvidado.
La idea fue de Sergio Marroquín, sinceramente Sergio debería de pagarme algo por tanta publicidad que le hago, la orden era: hacer un anuncio para la apertura de Arrin Cuan. 
Cuando Sergio me contó la idea me fui pensando como resolverla, ese fue un día viernes, me pareció tan sencillo que no le puse mucha atención, le dije a Lorena mi esposa, si podía conseguirme unos elotes cuando fuera al mercado el día sábado, cuando regresó con una docena de ellos, para lo único que nos sirvieron fue para hacer caldo de res, ni uno sólo dibujaba una sonrisa, quiero mensionar que una frase en Guatemala, para decir lo feliz que alguien está,  es: "¿Le viste la mazorca?" mazorca es el elote ya maduro.
El día domingo me puse ya preocupado porque la orden se había solicitado para entregar el día lunes al medio día y para entonces todo lo que había pensado no me estaba funcionando, pense en hacer un tubo de cartón y pegarle los granos tratando de dibujar una sonrisa pero tampoco, por la tarde del domingo fuimos a comer a San Lucas, metiendome un poco en el área de los comedores descubrí que el mercado estaba abierto, me puese a buscar entre los vendedores de verduras el mejor elote y mi suerte fue que encontré uno, perfectamente feliz.
El día lunes hice una sola foto, no hubo necesidad de más, únicamente moverle las tuzas, había encontrado al modelo perfecto. 
Siempre, hay un cocido par un descocido y no siempre la primera solución es la mejor.

1 comentario:

Jonathan Bell dijo...

Este anuncio siempre me gustó mucho. En esta profesión hay que ser tan curioso como paciente para poder encontrar un elote así. No se me olvida cuando por solicitud tuya tuve que armar un azulejo entero con macilla y todo para mi aviso aquel de Yokohama antideslisantes en Publinac jajaja buenos recuerdos esos... Jonathan Bell